—Si vuelves a desafiarme delante de mis hijos, te vas de esta casa con lo puesto.

PARTE 2
Mi abogada, Verónica Salazar, llegó al hospital antes del amanecer.
Leyó la escritura falsa varias veces.
Después levantó la vista.
—Esto no es solo violencia familiar.
Es un intento de despojo.
Presentamos la denuncia esa misma mañana.
También entregamos la grabación donde Marta hablaba de quedarse con la casa.
La fiscal solicitó revisar el registro de la propiedad.
Descubrieron algo aún más grave.
Semanas antes alguien había intentado inscribir aquella escritura falsa.
La solicitud fue rechazada por un error en el sello notarial.
Ese pequeño error evitó que perdiera la vivienda.
Pero la investigación reveló otro dato.
El gestor que presentó los documentos trabajaba para una empresa creada por Esteban.
Y no era la primera operación sospechosa.
Había otras seis propiedades involucradas.
Todas pertenecían a mujeres mayores o divorciadas.
Mientras tanto, Esteban seguía viviendo en mi casa.
Convenció a varios vecinos de que yo sufría problemas emocionales.
Incluso decía que había abandonado a los niños.
Cuando regresé acompañada por la policía para recoger ropa y documentos, encontré todas las cerraduras cambiadas.
Marta abrió la puerta sonriendo.
—Esta casa ya no te pertenece.
El oficial mostró la orden judicial.
Cinco minutos después, la sonrisa desapareció.
Pero ninguno de ellos imaginaba que la verdadera prueba todavía estaba escondida dentro del despacho que habían ocupado.