PARTE 2
—¿Qué significa esto? —preguntó Héctor.
Uno de los investigadores mostró su identificación.
—Señor Luján, necesitamos hacerle unas preguntas sobre varias operaciones de su compañía.
Héctor recuperó la sonrisa.
Era experto en parecer inocente.
—Este no es el lugar.
—No —respondió el agente—. Pero es el lugar donde hemos logrado localizarlo.
Héctor me miró.
—¿Tú hiciste esto?
Yo no sabía nada.
Damián me condujo hasta la camioneta.
—Primero te llevaremos a un hospital.
—Mi hermana está adentro.
—Tu hermana estará mejor sabiendo que sigues viva.
Aquella frase me hizo llorar.
En urgencias documentaron la inflamación, una fisura en la mandíbula y antiguas lesiones en mis costillas.
La doctora me preguntó cuánto tiempo llevaba sucediendo.
—Años.
Pronunciarlo en voz alta fue como abrir una puerta.
Damián permaneció fuera de la sala hasta que terminé.
Después me explicó por qué los investigadores estaban en la boda.
Su compañía había detectado que varios vehículos de Héctor utilizaban rutas falsas.
Camiones registrados como vacíos cruzaban la frontera con cargamentos no declarados.
Había facturas duplicadas.
Conductores inexistentes.
Y empresas fantasma.
—¿Por qué no lo arrestaron antes?
—Porque alguien dentro de la investigación le avisaba cada vez que se acercaban.
Damián abrió una carpeta.
Había fotografías de reuniones entre Héctor y funcionarios.
También aparecía mi cuñado, Tomás, el hombre que acababa de casarse con Clara.
Sentí que el estómago se me cerraba.
—¿Qué tiene que ver Tomás?
—Su familia controla una agencia aduanal. Creemos que la boda se utilizó para cerrar un acuerdo.
Recordé una conversación que había escuchado días antes.
Héctor le dijo a Tomás:
—Después de la ceremonia, todo quedará en familia.
Pensé que hablaban de negocios normales.
Damián continuó:
—Hay algo más. Las acciones de una de las empresas están a tu nombre.
—Eso es imposible.
—Las firmaste hace dos años.
Recordé una carpeta que Héctor me había obligado a firmar.
Dijo que eran documentos para refinanciar la casa.
No me dejó leerlos.
—Si la operación cae —dijo Damián—, él puede intentar responsabilizarte.
Mi esposo no solo me golpeaba.
Había construido una red criminal utilizando mi nombre.
El teléfono de Damián sonó.
Era uno de los investigadores.
La voz se escuchaba alterada.
—Héctor escapó del salón.
—¿Cómo?
—Alguien cortó la electricidad. Salió por la cocina.
Yo miré hacia la puerta del hospital.
En ese instante recibí un mensaje.
Era una fotografía de mi hermana Clara dentro de un automóvil.
Debajo había una frase:
“Si hablas, la próxima será ella”.