PARTE 2
Daniel permaneció inmóvil mirando las maletas.
—¿Qué significa esto?
Apagué las últimas brasas del cuaderno.
—Que me voy.
Él soltó una risa nerviosa.
—¿Porque fui con Andrea? Ya hablamos de eso mil veces.
—No. Me voy porque durante cinco años siempre hubo alguien más importante que nuestro matrimonio.
Daniel dio un paso hacia mí.
—Andrea está sola desde que murió su padre.
—Y yo estaba sola cuando perdimos a nuestra hija.
El silencio cayó entre los dos.
Aquella noche fue la primera vez que no encontró una respuesta.
Al día siguiente firmé mi aceptación para el nuevo puesto en el Centro Nacional de Investigación Aeroespacial.
Era un proyecto internacional.
Implicaba mudarme a más de mil kilómetros.
Durante años Daniel me había pedido rechazarlo.
—No quiero un matrimonio a distancia.
Pero nunca tuvo problemas en pasar noches enteras acompañando a Andrea.
Horas después, él apareció en mi laboratorio con un enorme ramo de flores.
Todos los compañeros lo miraban.
—Laura, hablemos.
—Estoy trabajando.
—Cancelaré mis vacaciones con Andrea.
Sonreí.
—Ya no hace falta.
Nunca había visto tanto miedo en sus ojos.
Sin embargo, el verdadero golpe llegó esa misma tarde.
Mi abogada presentó oficialmente la demanda de divorcio.
Cuando Daniel recibió la notificación, llamó más de treinta veces.
Yo no contesté ninguna.
Esa noche, Andrea apareció en nuestra casa.
Creía que todo seguía bajo control.
Pero escuchó a Daniel decir una frase que jamás imaginó.
—No vuelvas a buscarme.
Andrea quedó completamente paralizada.