El día que dejé de luchar por mi matrimonio, mi esposo empezó a tener miedo de perderme.

PARTE 4
Acudí acompañada de dos detectives.
El detenido colocó una fotografía sobre la mesa.
Era una imagen mía saliendo del laboratorio.
—Nos dijeron exactamente a qué hora salía todos los jueves.
Sentí un escalofrío.
—¿Quién les dio esa información?
El hombre negó con la cabeza.
—Solo conocíamos un nombre.
Sacó una hoja.
No era Andrea.
Era Víctor Salas.
El hermano de Andrea.
Trabajaba como contratista civil dentro de la base militar.
Había vendido información sobre varios empleados para pagar una deuda enorme.
Entre ellos estaba yo.
Cuando Daniel recibió la noticia, llegó inmediatamente a la comisaría.
Se veía devastado.
—Todo esto pasó porque confié en la familia equivocada.
Lo miré fijamente.
—No.
Pasó porque durante años ignoraste a la persona correcta.
Las investigaciones demostraron que Andrea desconocía por completo las actividades de su hermano.
También descubrieron que Daniel jamás tuvo una relación sentimental con ella.
Lo suyo era una dependencia enfermiza nacida de una antigua promesa familiar.
Pero para mí esa verdad ya no cambiaba nada.
Había dejado de amar mucho antes de conocerla.
Solo que aún no había reunido el valor para marcharme.
Mi vuelo al nuevo destino salió tres días después.
Daniel llegó al aeropuerto.
Traía el anillo de bodas en la mano.
—Si subes a ese avión, será el final.
Lo miré por última vez.
—Hace mucho tiempo que terminó.
Y crucé la puerta de embarque.