El día que dejé de luchar por mi matrimonio, mi esposo empezó a tener miedo de perderme.
PARTE 3
Andrea entró furiosa.
—¿Estás hablando en serio?
Daniel no respondió.
Ella lo enfrentó.
—Durante años hice todo por ti.
Yo observaba desde la escalera.
Era la primera vez que los veía discutir.
—Nunca te pedí eso —contestó Daniel.
Andrea soltó una carcajada.
—¿De verdad? ¿Quién me llamaba cada vez que peleaba con Laura? ¿Quién canceló aniversarios por venir conmigo? ¿Quién me prometía que siempre estaría primero?
Daniel guardó silencio.
Andrea me miró.
—¿Sabes por qué nunca se separó de mí?
Negué con la cabeza.
Ella respondió con una sonrisa amarga.
—Porque le gustaba sentirse indispensable para las dos.
Aquellas palabras hicieron que Daniel cerrara los ojos.
Andrea tomó su bolso.
—Ahora disfruta lo que elegiste.
Se marchó dando un portazo.
Daniel se acercó lentamente.
—Laura... cometí muchos errores.
—No fueron errores.
Lo miré con tranquilidad.
—Fueron decisiones.
Por primera vez entendió la diferencia.
Dos días después entregué las llaves de la casa.
Solo faltaba una semana para mi traslado.
Entonces recibí una llamada inesperada.
La policía había capturado a la banda que intentó secuestrarme.
Uno de ellos pidió hablar únicamente conmigo.
Y aseguró que alguien había pagado para conocer todos mis movimientos.