PARTE 3 – Los archivos ocultos
Mientras los rollos de canela se enfriaban sobre la encimera, Adrian hizo otro descubrimiento inquietante.
—Encontramos documentos relacionados con la fundación de papá. Algunos parecen haber sido creados después de su muerte.
Me quedé sin palabras.
Alguien había utilizado el apellido de nuestra familia para impulsar la carrera de Brandon.
Unos minutos después volvió a sonar el timbre.
Era Brandon.
—Déjame explicarte.
—Ya es demasiado tarde.
Cuando le hablé de los documentos, su rostro perdió el color.
—Yo no falsifiqué la firma de tu padre —respondió de inmediato.
—Pero sabes quién lo hizo.
Su silencio fue toda la respuesta que necesitaba.
Poco después Adrian me envió una copia de una carta firmada por mi padre y fechada varios meses después de su fallecimiento.
Brandon la observó fijamente.
—Pensé que podía controlarlo todo… —susurró.
Antes de que pudiera decir algo más, escuchamos pasos en la escalera.
Dylan estaba allí, escuchándolo todo.
—¿Papá?
Brandon intentó sonreír, pero Dylan permaneció inmóvil.
—¿Por qué no viniste ayer?
Tras un largo silencio, Brandon bajó la cabeza.
—Cometí un error.
—¿Con mamá?
—Sí.
Sin decir nada más, Dylan regresó lentamente a su habitación.
Antes de que Brandon se marchara, le dije:
—Tienes hasta mañana para contar toda la verdad.
Después de su partida, Adrian me envió otro mensaje.
«Blue Harbor pertenece a Chloe. El beneficiario final es Brandon.»
En ese momento desaparecieron todas mis dudas.
PARTE 4
A la mañana siguiente, Chloe apareció en mi oficina con una sonrisa segura.
—He venido para pedirte que pares.
Puse sobre la mesa una carpeta con los documentos de Blue Harbor.
Su sonrisa desapareció.
—¿Dónde conseguiste esos archivos?
—Del lado de mi familia que subestimaste.
Por primera vez, Chloe comprendió que la situación ya no estaba bajo su control.
Intentó provocarme, pero no obtuvo la reacción que esperaba.
En su lugar, le mostré que la oficina estaba grabándolo todo.
Su sonrisa desapareció por completo y se marchó.
Poco después llamó la comandante Harris.
—Guardé una copia de los registros de visitas de Chloe antes de que alguien pudiera modificarlos.
Aquellos registros podían cambiarlo todo.
Esa noche Brandon regresó con los rollos de canela que Dylan había preparado.
—No me los comí —dijo—. No me los merecía.
Dylan lo miró y respondió:
—Puedes comer uno… pero primero tienes que decirle la verdad a mamá.
Brandon bajó la cabeza.
—Lo haré.
En ese momento sonó el teléfono.
Era Chloe.
Su voz resonó por el altavoz.
—Si Evie descubre la cuenta de Chipre, los dos estaremos acabados.