La vida se complicó. Su madre y yo nos distanciamos, hasta que finalmente nos separamos. Pero Emily se mantuvo firme, siempre entregándome aquel osito de peluche como si significara algo más de lo que cualquiera de nosotras pudiera explicar.
Entonces todo cambió. Lo que empezó como leves síntomas se convirtió en visitas al hospital, y luego en algo mucho peor. A pesar de todo, Emily se mantuvo fuerte: bromeaba, sonreía y hacía que todo fuera más llevadero para los demás.
Una noche, me pidió que le prometiera algo: que seguiría adelante, pasara lo que pasara. No quería, pero se lo prometí.
Tras su partida, aquella promesa me pesaba mucho. Intenté seguir adelante de la única manera que sabía: manteniéndome ocupada, sin parar.
Años después, encontré algo escondido dentro de aquel viejo oso. Un mensaje. Su voz.
Y así, de repente, todo volvió a la memoria.
Ahora Snow sigue cabalgando a mi lado.
Y cada milla me recuerda:
no te detengas... simplemente sigue adelante.