Ese sistema de seguridad que instalaste en tu casa”, le dije. “¿Quién lo instaló?”
“Mi cuñado. Tiene una empresa. ¿Por qué?”
“Necesito cámaras en mi casa. En silencio.”
“Oye… ¿qué pasa?”
“Kendra tendrá ‘compañía’ mientras no estoy.”
“[Palabrota]. ¿Estás seguro?”
“Haley me lo dijo.”
Vaya. Tu hijo tuvo que… Qué duro. ¿Qué necesitas?
Así son los hermanos de militares. Sin juzgar, solo apoyo.
En una semana, el cuñado de Martínez instaló las cámaras. Kendra no sospechó nada. Alegó que estaba revisando una supuesta fuga de gas y que necesitaba inspeccionar el perímetro y las áreas principales de la casa. Lo creyó al instante, probablemente ocupada planeando su próxima cita.
Las imágenes empezaron a llegar automáticamente a mi teléfono. Y Haley no había exagerado. Tres hombres diferentes en dos semanas. Vino en el balcón. Besos en la sala. Subiendo a la habitación.
Guardé todos los archivos. Todas las marcas de tiempo.
Actualización 1: Auditoría financiera (Mes 5)
Después de tres semanas reuniendo pruebas, la arrogancia era asombrosa. Kendra no solo me engañaba, sino que lo hacía abiertamente. Un tipo, “Brett”, parecía ser un habitual. Aparecía todos los martes y jueves. Una vez, trajo flores a mi casa. La casa que pagué mientras comía raciones militares bajo un calor sofocante.
¿Pero lo peor? Estaba usando mi paga del servicio militar para financiar sus salidas.
El servicio militar incluye pagas adicionales: paga por riesgo, indemnización por despido, beneficios fiscales. El monto total aumenta rápidamente. Lo configuré para que todo se depositara en nuestra cuenta conjunta para gastos del hogar y ahorros.
Cuando revisé, vi que se lo gastaba todo en ropa nueva, vinos caros y cenas para dos. Un gasto me sorprendió: 400 dólares en el Hotel Rosewood.
Comparando la fecha con las grabaciones de la cámara, descubrí que le había dicho a Haley que estaba en un “retiro de un día para un grupo de apoyo para cónyuges”.
Tomé capturas de pantalla de todo. Extractos bancarios.